La mañana  era un tanto plomiza, como mi estado de ánimo al despertarme, las horas que el día había de ofrecerme no tenían ninguna pinta de ir a representar algo edificante, pero bueno, como siempre decía mi madre, mejor que no pase nada a que pase algo malo.
Me levanté de cama, aún confuso, con algún resto de saliva pegado a la cara y comencé a pensar en que habría de desayuno, y si me ducharía ahora, o lo haría antes de salir,  contando con que saliera de casa.
Sin pensar mucho cogí unas lonchas de pechuga de pavo de la nevera y un vaso de leche y me fui al salón donde mi ordenador me esperaba. Al llegar un titilante aviso luminoso me decía que mientras dormía alguien había intentado hablar conmigo. De modo mecánico pasé la mano por el touchpad y clickeé sobre el mensaje:
“Jandro, tenemos problemas, no se que he hecho, pero necesito ir a dar una vuelta, ruído”.
Gonzalo siempre con sus mensajes crípticos que no decían nada claro, bah, cuando se reconectase  ya me contaría, seguro que es alguna tontería sobre el kernel, o ese programa que esta haciendo para el Summer Code, que se le habrá chafado el compilado o que ha tenido alguna clase de avería en su linux… programadores…
Como aún era temprano, o al menos temprano para la hora a la que suelo levantarme, supuse que todo el mundo estaría en clase, trabajando o durmiendo, y encendí la consola, un gesto rutinario más en una mañana que poca rutina habría de tener en lo sucesivo. La ducha ya había desaparecido del “planning mañanero”.
De repente un súbito timbrazo me sacó de la partida, el móvil, dichoso invento de satanás, si no me lo hubieran regalado mis amigas poco caso le iba a hacer, o aún menos de que le hago, número desconocido:
-          ¿Sí? – digo al coger – Dígame.
-          ¿Es usted el señor Abelenda? – contestó una voz en tono átono, sin vida, al otro lado de la línea.
-          Ese es mi apellido sí, ¿Qué desea? – pregunté ya con cierto tono de cabreo en la voz.
-          ¿Sabe donde se encuentra el señor Carballal? No damos contactado con él y necesitamos tratar unos temas, respecto a su beca de este año.
-          Eh… – mentía, no sé que diablos quería esa voz mortalmente carente de acento, pero mentía, así que hice lo propio – sí, creo que se fue a O Barco a casa de sus padres unos días, pero la verdad es que no estoy seguro, si me dice su nombre y su número, cuando contacte con él, se lo hago saber. – inventé sobre la marcha.
-          No hace falta señor -  había cambiado casi imperceptible el tono, puede que a irritación – nos pondremos en contacto con el señor Carballal en otro momento. – colgó sin despedirse ni esperar más.
Las becas de este año estaban cerradas, lo sabía, y también que problemas había tenido Gonzalo con ellas, además, ¿por qué la administración iba a tener mi móvil como contacto?
Hice de tripas corazón y gasté mi siempre limitado saldo en llamar, pero no dio tono, una amable señorita de una compañía telefónica me avisaba de que podía dejarle un mensaje, pero eso no me interesaba lo más mínimo. Supuse que estaría en la facultad, era horario de clases aún, así que llamé a Kuri, el único modo de saber si Gonzalo estaba en clase desde la desaparición del móvil de Nirei.
Kuri cogió al los pocos tonos:
-          HURR DURR -  siempre tan inteligente – Aquí Jitler, que quieres inepto humano.
-          Ey tio, ¿sabes donde anda el Gonzalo? – espeté con cierto grado de preocupación.
-          Andará con cosas de esas de hacker, o … - no le dejé seguir el chiste.
-          Tio, mira por ahí si está, que me han llamado preguntando por él y no es normal lo que está pasando.
-          DERPPPP – y colgó el teléfono.
Hablar con Kuri podía ser terriblemente divertido o terriblemente frustrante, solo dependía de las prisas que tuvieras en tener una respuesta, en este caso, bastantes.
Supuse que Kuri no llamaría aunque viera a Gonzalo por ahí, sería alguno de sus despistes de siempre así que me puse a pensar donde podría meterse, y el mensaje que me dejó en el ordenador me dio una pista.
Solo había un sitio donde normalmente acabábamos siempre que dábamos una vuelta, la playa.
Me vestí, y salí de casa, me puse los cascos y empecé a caminar hacía la playa, o más concretamente a la zona del paseo marítimo donde solíamos parar un rato después de caminar.
El día había abierto un poco, y algo de sol asomaba por los restos de niebla y nubes aún existentes, así que era un paseo agradable, apuré el paso. Normalmente tardaba sobre media hora en llegar andando desde mi casa, pero la curiosidad me hacía querer tardar lo menos posible.
La calle estaba como siempre, unos chicos estaban en algunas esquinas repartiendo periódicos gratuitos, algunos incluso, conocidos mios, así que como cada mañana cogí los que me dieron y los metí despistadamente en la bolsa que siempre llevo colgada para guardar los cascos, y seguí el camino sin demorarme mucho.
Cuando llegué al paseo había pasado un cuarto de hora escaso, pero más que suficiente para que una ligera capa de sudor perlase mi frente y para que el sol luciese cada vez mas libre de impedimentos
Sin más, me puse a recorrer el paseo de punta a punta, pero no tardé en ver una silueta familiar en la distancia.
Gonzalo era enjuto, no muy alto, y su figura podía parecer poco destacable desde lejos si no fuera por dos cosas muy concretas, su pelo, crecido de un modo muy particular y de un modo realmente característico y su manera de caminar, casi sin doblar las rodillas y moviendo los brazos con grandes aspavientos.
La distancia que nos separaba no era mucha así que aceleré un poco, hasta el trote, para ponerme a su altura, supuse que tendría los cascos puestos, como siempre que caminaba solo, así que le toqué la espalda, cuando se giró parecía 10 años mayor que la última vez que lo había visto y tras sus redondas gafas de sol, debía tener una expresión de miedo y sorpresa entremezcladas.
-          ¡Ey! Así que estabas aquí. Me llamó preguntando por ti una persona bastante rara… - comencé a decir.
-          Una voz sin acento ni entonación, ya… - me interrumpió. – seguro que con una excusa de mierda.
-          Justo, así que realmente, ¿en que narices te has metido esta vez? – pregunté, realmente no muy seguro de querer una respuesta.
-          Verás… - comenzó – la cosa es bastante complicada y no se si lo entenderás – Gonzalo y su chauvinismo científico – pero básicamente he descubierto algo por error, y parece que no le ha hecho mucha gracia a quien lo estaba ocultando.
Hay momentos en la vida donde esa pequeña voz que tienes dentro, esa que algunos llaman “sentido común”, y otros, “instinto de supervivencia”, grita hasta que no puedes fingir no oírla, en esos casos concretos es donde sabes que te estas metiendo en un buen lío. Os aconsejo que si vuestro sentido común grita, os deis la vuelta y salgáis corriendo, a la otra punta del globo si podéis, o al menos debajo de las sábanas de vuestra cama.
-          Tío, sea lo que fuese no puede ser tan malo, y desde luego no puedes huir eternamente – que razón tenía al decir esa frase – habrá que pedir disculpas y ver como solucionarlo.
-          No lo entiendes, aún no sé muy bien lo que encontré, pero es un avance increíble, podría hacer que el acelerador de partículas quedase desfasado en algunos aspectos – comenzó a emocionarse – Imagina un mundo completamente distinto, avances tecnológicos completamente nuevos, y todo gracias a una revisión de la física…
De repente algo se rompió a nuestro lado, una de las farolas que adornaban el paseo comenzó a chisporrotear, mientras la portezuela de metal que protegía los cables se movía sobre sus goznes rápidamente. En la puerta había un agujero.
-          ¿Qué coño..? – Espeté a demasiado volumen – ¿Pero qué…?
Mientras mi segunda pregunta quedaba perdida en el tiempo, un segundo sonido captó nuestra atención, una de las sólidas rocas del paseo estaba saltando en fragmentos, algo nos estaba disparando y aunque su puntería parecía dejar mucho que desear se había acercado bastante con el segundo intento.
-          ¡CORRE!  – grité mientras se escuchaba un tercer impacto.
No miré donde había dado, solo me puse a correr a algún lugar donde no estuviese tan a la vista, donde pudiera ocultarme de algún modo y escapar de algo que aún no sabía lo que era, podría decir que miles de preguntas cruzaron mi mente en ese preciso momento, pero mentiría, solo una cosa ocupaba el 100% de mi consciencia… escapar.
Crucé los dos carriles casi sin mirar si había coches, cuyos cláxones resonaron tras mi paso. Ya en la otra acera corrí todo lo que pude delante del escaparate de una gran librería, que se hizo añicos a mi lado.
Mientras fragmentos de cristal volaban a mi alrededor y se clavaban en mi ropa y carne, solo pude articular una idea, "¿Por qué?", mientras seguía corriendo, esa pregunta estallaba una y otra vez contra los muros del miedo, del terror acongojante que me atenazaba el pecho.
Seguí corriendo sin mirar atrás.
Cuando doblé la esquina me encontré con un parque interior, con otra salida, que cogí raudo para dirigirme a una parada de taxis no muy lejana, tenía que llegar a casa y dejar todo esto atrás, seguro que después de esa ducha que no me había dado antes todo esto parecería un mal sueño.
Pero, en ese momento algo azuzó mi espiritu… ¿Dónde estaba Gonzalo?

Los días pasan, es una constante de la que nadie, ni el más poderoso, ni el más sabio, ni siquiera el más longevo de los seres puede escaparse. Según ese axioma y el modo de medir el tiempo que hemos adoptado, aquí, en este momento y lugar, estamos en el presente, pero para mí y mis amigos, el presente, es algo confuso, un movimiento errático de fechas que no sirven para delimitar la realidad.

Si las líneas del tiempo son claras en mi mente, todo esto comenzó hace apenas unas horas, cuando mi mejor amigo me contó un sueño, como acostumbraba a hacer cuando eran interesantes o le abrumaban en exceso, unas horas con respecto al presente al menos, y una eternidad para mi.

El sueño, ese dichoso sueño, no iba a darnos más que problemas, no entiendo y aún después de todo lo que he pasado no creo que logre nunca entender como el mundo onírico de un chico de 21 años pudo afectar tanto a la vida de todos los que lo rodeaban.

Pero estamos en el presente, y para poder explicaros lo que significa esa palabra ahora mismo para un puñado de personas, debo remontarme al pasado, o puede que al futuro, quizás, solo quizás, a ambos en sincronía, dado que el tiempo y el espacio, amigos míos, son del todo relativos en esta narración.

Era la una de la tarde cuando comenzó para mi, mi ordenador, siempre encendido, tintineó, me había llegado un nuevo mensaje de Gtalk, y eso solo podía significar un nombre, Gonzalo. Me acerqué al teclado y leí el mensaje.

- Buah.

Con ese simple texto comenzó a contarme, lleno de alegría, exaltado incluso, su último sueño.

- Pedazo sueño tuve hoy. Hubo persecuciones, disparos, coches volando, saltos en el tiempo. - escribió a continuación.

- Ahora sueñas películas de J.J. Abrams. - contesté irónicamente.

- No - se rió - a ver. La persecución no sé a cuento de qué venía, pero se que fue muy bruta, que había gente persiguiéndonos a unos cuantos y nosotros escapando como podíamos. Entre ellos estaba Víctor. Al final nos acaban cazando y nos llevaban presos a una jaula. Entonces, de camino a una jaula, pasamos por una campiña y osea, no, pasamos cerca de un solar con una campiña.

A decir verdad, yo andaba más ocupado con mi partida en la consola que con segur el relato del sueño, así que solo asentí, para que él continuara.

- Y había una especie de personajes construyendo algo con madera. Alguien leyó "KINDA CODE" en las maderas y es cuando yo le pregunto a la gente que estaba saliendo y entrando de ahí, pero tenían un acento raro. Nuestros captores empiezan a mirarnos raro. Y uno de los capturados me susurra "di adelante". Entonces caigo de la burra y sé de que va la cosa. Miro a mis captores, me despido y les digo:

"Adelante"

Entonces a medida que cada uno de nosotros decía adelante se vaporizaba en un fulgor naranja
y aparecimos todos de noche en el mismo sitio (ahora un parque) siete años en el futuro.

El sueño teminaba abruptamente, ni el sabía que pasaba después, se había quedado 7 años en el futuro, pero estaba extrañamente calmado, esas horas de descanso aderezadas con el poder de las imágenes que había visto lo habían animado de un modo totalmente rotundo.

Y nadie le dio más importancia, ni Nirei, ni Suzy, ni Victor... nadie de los que se vería envuelto "horas" después se habían dado cuento de que las piezas ya se movían en la dirección en la que el tiempo habría de llevarnos.